Toda mi vida he querido ser MADRE, soñaba con tener niños sanos, felices y llenos de amor. Tengo cuatro hijos, mi segundo hijo nació con una enfermedad rara, un caso único en el mundo y supuestamente incompatible con la vida.
«La lucha por la salud de mi hijo comenzó con una patología que, según los diagnósticos iniciales, se consideraba incompatible con la vida. En ese momento, enfrenté una realidad tan sumamente desgarradora que me empujó a buscar soluciones únicas y a desafiar las probabilidades. Fue en este punto crítico que me sumergí en el mundo de la medicina ortomolecular, la nutrición celular activa y otras disciplinas de la salud.»